Doña Silvia es una costurera de 56 años con una antigua máquina
de coser Singer. En su humilde casa en el Barrio Panamá, ella no necesita
un gran rótulo en la puerta. La gente llega de toda la comunidad buscando
sus costuras: pantalones cortos, ropa de cama y delantales. Para esta abuela que está criando a 7 nietos, la costura es su medio de vida. Cuando el huracán Mitch obligó a su hija a abandonar Nicaragua en búsqueda de un trabajo en Costa Rica, sus costuras se convirtieron en la única fuente de ingresos en el hogar. A través de una vecina, ella oyó que había préstamos disponibles para gente pobre. Después de reunir a un grupo de sus vecinas, visitó la oficina regional de FINCA en León.
Panamá es uno de los 28 nuevos bancos comunales que FINCA ha abierto
con financiamiento de USAID en comunidades afectadas por el huracán
Mitch. La meta de esta organización de microfinanzas es la creación
de empleos que permita a las participantes aumentar sus ingresos, levantando
su autoestima y dignidad. FINCA sigue los siguientes principios de bancos
comunitarios: una reunión de vecinos en la cual garantizan mutuamente
préstamos de US$100. Ellas se reúnen semanalmente para pagar
su préstamo, apartan algunos ahorros y aprenden sobre cómo
manejar un negocio.
Anteriormente, Doña Silvia podía comprar sólo retazos
y piezas de tela y
materiales. Después de recibir un préstamo
de FINCA, ella puede comprar telas por yarda en el mercado de Managua. Doña
Silvia vende su mercadería en todos los cuatro mercados en León
y todavía encuentra tiempo para completar 250-300 delantales al mes.
Sus característicos delantales de 10 córdobas (aprox. US$.80
centavos) la han hecho famosa en la comunidad. Ese omnipresente instrumento
de trabajo de las mujeres trabajadoras en Nicaragua se ha convertido en su
artículo más popular. Ella siempre busca lazos coloridos, brillantes
aplicaciones y otros detalles femeninos para sus delantales; incluso hasta
copia modelos que ha visto en las telenovelas que pasan por televisión. “La
gente viene a buscar mis delantales por que son más bonitos que los
que se encuentran en el mercado”, señala con orgullo.
Otro miembro del banco comunal Panamá, Doña Maura, trabaja
duro todos los días, desde las 4:30 de la mañana. Madre soltera
con cinco hijos, de 43 años de edad, comienza el día haciendo
50 tortillas. Este alimento básico de la mesa nicaragüense se
vende en el mercado por 5 reales (equiv. US$.05 centavos) cada una. A media
mañana, Maura regresa a su casa a encender el fuego para cocer la
yuca para el vigorón, un platillo típico nicaragüense.
Eso tomará casi dos horas, tiempo que ella dedica a completar su trabajo
en la casa. En la tarde, después de regresar de su venta de puerta
en puerta, ella hará más tortillas para la cena. A lo largo
del día vende dulces y otros productos en la pequeña pulpería
que tiene en su casa. 
Doña Maura se unió al banco comunal cuando las aguas del huracán Mitch barrieron la parte trasera de su casa, donde ella cocinaba todos los productos que vende. El préstamo de US$100 le permitió comenzar nuevamente su negocio y comprar leña e ingredientes para los productos que cocina. Espera usar dinero de su próximo préstamo para reemplazar el techo de zinc sobre el área de la cocina. “Sólo necesitamos tener una oportunidad para seguir trabajando para nuestras familias”, dice Maura.
Los préstamos para microcrédito dan a estas mujeres la oportunidad
de ayudarse a sí mismas. Al igual que los delantales que usan, los
préstamos son indispensables para sus empleos y han sido adecuados
al gran espíritu trabajador de las mujeres nicaragüenses.
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